La roja fachada, el color ocre, las desmochadas y sinuosas ramas, el amigo acuarelista, la paciente barca,... ¿qué o quién es el protagonista de nuestra acuarela? Todo lo es a su medida, y, agrupados y debidamente colocados, aportan la estética precisa para que un escenario corriente adquiera protagonismo pictórico. Mañana de frío invierno, pero brillante y colorista, en una de las acequias de El Tremolar.
