Una nueva imagen refrescante -lo son todas aquellas en las que el agua tiene un cierto protagonismo-. La escena fue captada en El Tremolar, a orillas de uno de los numerosos canales que conducen el agua de La Albufera de Valencia a los campos de arroz. Los edificios en ruinas del fondo dan fe de la próspera industria del arroz que un día decidió cambiar las edificaciones de ladrillo por modernas instalaciones de paredes metálicas y silos de acero. Con todo, ni la caña, ni el sedal, ni la paciente espera han pasado de moda.
El visitante encontrará en este blog una selección de mis acuarelas sucintamente comentadas, y una lista de blogs y páginas web sobre pintura, literatura y religión, pues no en vano considero el arte como una manifestación del poder creador de Dios, que ha dotado al hombre de la capacidad de plasmar la belleza que le rodea. Para conocer al ser humano con sus ilusiones y esperanzas, y por ende, a su Creador, incluyo esos enlaces.
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18.8.14
17.5.14
Desde la carretera...
... que comunica El Tremolar con El Brosquil se puede disfrutar de este bello perfil de alquerías y campos de arroz, en la parte Sur de la ciudad de Valencia. Llaman la atención estos bonitos rincones rurales de fuerte contraste con la moderna ciudad, cuyos altos edificios se vislumbran al fondo. Con todo, la parte más atractiva de esta mañana de pintura -y de esta vista panorámica-, es el cielo; un cielo "con nubes y claros", como definen los meteorólogos, nubes que han dado paso a esas "cortinas" que matizan por tramos la intensidad del azul celeste e incorporan tonos anaranjados.
El papel utilizado sigue siendo el habitual, sólo que el tamaño es de 56 x 38 cm.
3.5.14
El otro urbanismo...
... lo podemos encontrar en el extrarradio de las grandes ciudades o en los pequeños núcleos de población diseminados por arrozales y huertas. Este segundo caso es el que ha centrado mi atención a la hora de pintar la acuarela que expongo. Cuatro edificaciones, cuatro estilos dispares, aunque con pared medianera: la tradicional barraca valenciana, la casa noble rural, el secadero-almacén de productos agrícolas, y la nave industrial. La explanada aún conserva vestigios de lo que un día fuera camino adoquinado, luego asfaltado y ahora... abandonado. Con todo, no se podrá negar la belleza pictórica de este singular urbanismo.
Acuarela realizada en papel Arches, de 300 gr. y grano fino. Dimensiones, 38 x 28 cm.
28.4.14
Paisaje... industrial
Ni edificios monumentales, ni jardines idílicos, ni barcos estilizados,... el motivo de la acuarela que someto a vuestro juicio es una sencilla instalación industrial dedicada al molido y almacenaje de arroz. Se encuentra en El Tremolar, en medio de campos y acequias de regadío. Una carretilla amarilla -¿no había un "submarino amarillo"?-, recorta su silueta sobre el fondo oscuro de las instalaciones y los grandes silos de almacenamiento. No se ve a nadie; en primer plano, matorrales y la acequia que inunda los campos.
Acuarela en papel Arches de 300 gr. y grano fino. Tamaño 38 x 28 cm.
10.2.14
Ruinas
Construcciones que nacen, construcciones que mueren,... Las ruinas forman parte -parte evitable habría que decir- del paisaje rústico y urbano. No solamente las ciudades ofrecen sus edificios ruinosos; ¿quién no ha visto en el campo viejas casas de labranza abandonadas años ha por sus moradores? El rincón que muestro a mis visitantes se encuentra en El Tremolar y ofrece una casa y una fábrica unidas por ese mismo destino, la ruina. Un cielo "ruinoso" contribuye aún más a dar un cierto dramatismo al paisaje.
6.6.13
Canales al atardecer
Me atrevería a afirmar que es la luz de la tarde la que comparte protagonismo en este par de acuarelas con las barcas y el agua. Hubo otro protagonista, oculto en las pinturas pero no para los pintores, que fue el viento del norte que a veces soplaba con la suficiente fuerza como para hacer tambalear los caballetes. Contra viento y marea, éste fue el resultado de dos sesiones de pintura en El Tremolar y en El Palmar.
10.4.13
La casa amarilla
Amenaza de lluvia en esta salida pictórica por los arrozales valencianos; amenaza que se materializaría pocas horas más tardes, y además, con generosidad. Y entre los colores pardos, verdes y violáceos del paisaje, la mancha amarilla de la fachada de una de las numerosas viviendas que pueblan la huerta de Valencia destacaba sobre todo lo demás. Y así de llamativa la plasmé.
9.2.13
Contraluz
Los tareas de labranza de los arrozales han finalizado. En los campos aún pueden verse charcos diseminados por aquí y por allá, vestigio de una inundación controlada que se repite cíclicamente. Las acequias que suministran el agua se encuentran a muy bajo nivel, como se puede apreciar por el fondo cenagoso y reluciente al sol de la mañana. El mismo paraje, la misma luz... y el mismo viento que el sábado pasado. Un paraje éste, de El Tremolar, en el extrarradio de Valencia, que ofrece numerosos encuadres pictóricos.
2.2.13
Después de la lluvia
La lluvia caída durante la noche ha dejado paso a una mañana que podríamos calificar de brillante, por la luminosidad tan intensa; eso sí, con un viento que obligaba a ratos a estar más pendiente del tablero y del trípode que de la propia pintura. Al final, éste ha sido el resultado de una visita a la huerta que se extiende por el extremo sur de la ciudad de Valencia, en la que las viejas alquerías conviven con las nuevas construcciones agrícolas e industriales. He seguido utilizando papel Guarro, de 300 gr. y de 35 x 25 cm.
16.3.12
Contraluz
Si por algo se está caracterizando este invierno valenciano es por la bonanza en las temperaturas y la luminosidad de sus días. Aunque durante los dos últimos ha disminuido ésta a consecuencia de la entrada de humedad con el viento de Levante, el sol sigue luciendo con intensidad y propicia contraluces enormemente atractivos desde el punto de vista pictórico. He intentado retratar uno de ellos en el ya familiar paraje de El Tremolar, rincón pequeño pero generoso en encuadres.
11.3.12
La vieja fábrica
La mole de la altísima chimenea que se alza como fondo de la vieja fábrica acentúa, si cabe, la pequeñez y la fragilidad de las barcas del primer plano. Como si buscaran la protección del gigante, así las encontramos de acurrucadas este pasado sábado en la acequia de El Tremolar. Esta bella estampa aconsejaba adaptar el formato de papel a las protagonistas de nuestra acuarela, por lo que recurrí a una proporción de 1,94 en vertical, frente al 1,43 en horizontal, que uso habitualmente.
9.3.12
Colores en El Tremolar
La roja fachada, el color ocre, las desmochadas y sinuosas ramas, el amigo acuarelista, la paciente barca,... ¿qué o quién es el protagonista de nuestra acuarela? Todo lo es a su medida, y, agrupados y debidamente colocados, aportan la estética precisa para que un escenario corriente adquiera protagonismo pictórico. Mañana de frío invierno, pero brillante y colorista, en una de las acequias de El Tremolar.
9.10.10
Tiempo borrascoso

El día ha amanecido con densos nubarrones. Hay amenaza de lluvia. La borrasca que barre la península se acerca al Mediterráneo. Los cielos luminosos han sido sustituidos por estos otros sucios, oscuros. Aún así el paisaje es bonito. Al fondo se adivina la torre de la vieja fábrica abandonada. Estamos en El Tremolar, esa pequeña pedanía de las afueras de Valencia, escenario de tantos otros encuentros pictóricos.
25.3.10
Bruma en El Tremolar
Estamos ante una imagen del Tremolar, una pedanía entre Valencia y la Albufera. En primer término se pueden apreciar las barcas que se utilizan para desplazarse por los canales que comunican con la Albufera. Tanto las barcas como la chimenea las he trabajado en seco; la vegetación y el agua, en húmedo, procurando que se difuminen y se confundan los colores, pues estábamos en uno de esos días en los que la bruma marítima compone su juego de luces.
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